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PicandoAndo y Lorena Castillo: ¡Portovejenses con alma de acero!

Conoce el emprendimiento manabita que está adueñándose de Internet, PicandoAndo. Con exquisitas y únicas recetes que encapsulan la sazón manabita, Lorena Castillo está causando revuelo en el mundo gastronómico ecuatoriano. Esto nos llevó a preguntarnos: ¿Quién se esconde detrás del gran éxito que PicandoAndo está teniendo? ¿Quién es la mujer que sacó a flote un sueño que ahora está dando grandes frutos? ¿Quién es Lorena Castillo? AGLAYA tuvo una más que grata entrevista con ella y, a continuación, te contamos todo los que Lorena Castillo compartió con nosotros.

Lorena Castillo: ¡Una historia 100% manabita!

Después de un grato saludo y un poco de conversación típica, le conté a Lorena que para nosotros sería un gran placer tener este pequeño rincón en nuestro blog para contar su historia. Su emoción fue contagiosa y, enseguida, empezamos con las preguntas.

Lorena, ¿cómo fue crecer en Portoviejo?

Maravilloso. Seguro. Ésa es la palabra que define todo.

¿De niña que era lo que mas te gustaba de Portoviejo?

La seguridad. Definitivamente no era el entorno, no era el bullicio, era la seguridad. Portoviejo era una ciudad muy segura, se podía transitar tranquilamente por las calles, aún se puede, esta es una de las ciudades en las que se apunta a la seguridad. Aquí la gente es muy buena, es muy cálida, muy amable. El entorno del lugar en que yo crecí era el centro de Portoviejo, mi escuela quedaba cerca de la casa, unas seis cuadras, yo iba y venía sola, solo con mi hermano. Cuando pasé al colegio, que quedaba a unas doce cuadras de dónde vivía, igual iba y venía sin problema alguno. Eso es gran parte de la seguridad de uno, crecer con seguridad.

¿A qué edad te empezó a atraer la gastronomía? 

A ninguna. No, no, sí me atrajo. A los 13 años tomé un curso de chef en el Cuartel Militar Teniente Hugo Ortiz. Yo tenía ganas de hacer algo distinto a lo que se hacía en la casa, el primer años prepararon una lista de recetas y al siguiente la cambiaron. Esos dos años cada vez que entraba a la cocina yo preparaba lo mismo y lo mismo. Pero no soy de las que pasa metida en la cocina. Yo puedo inventarme algo , pero no soy de levantarme y cocinarles a todos un mega desayuno, eso es imposible, definitivamente no es una parte mía.

¿Qué querías ser cuando eras niña?

Soñaba con ser médico.

¿Alguna vez te imaginaste con tu propio emprendimiento cuando eras una adolescente?

Jamás. Siempre mi vida estuvo enfocada hacia la medicina. Todo lo que yo hice fue dirigido hacia la medicina. Estudié medicina, tuve que salirme en tercer año, realicé labor social enfocada a la medicina, trabajé con pacientes quemados muchísimos años, 10 aproximadamente. Toda mi vida la enfoque alrededor de eso.

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Los comienzos de PicandoAndo

Era empleada pública. Trabajaba en un hospital en Manta, era auxiliar administrativa de salud. No era tan chévere. Mira, yo te explico. Cuando tu estudias medicina y te quedas a mitad de la carrera, eso no te sirve, es como no haber hecho nada en tu vida. Así tengas toditos los conocimientos, no puedes ser auxiliar, no puedes hacer nada porque no tienes un documento que te respalde, que diga que tu sabes poner sueros, inyecciones, etc. Entonces todos los conocimientos que yo había acumulado por el estudio y la práctica en los hospitales, no puede aplicarlo.

En el 2012 empecé a trabajar en un hospital en Manta, no había un puesto para algo que yo pudiera respaldar con un documento, además los únicos puestos disponibles eran para personal administrativo. El personal administrativo no es el que te pone inyecciones ni nada, es el que limpia el piso. Entonces imagina el contraste, yo venía de manejar la unidad de quemados en el Hospital provincial de Manabí, de manejar todo ahí y de pronto fui a limpiar el piso en el Hospital del Manta. 

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Mi primer día me enviaron al área de obstetricia, para mi era algo muy normal ver a las mujeres dar a luz así que estaba completamente acostumbrada al ambiente, pero al ser nueva en la ciudad, para todas las personas yo era una nueva expectativa , se preguntaban todo sobre mí. Qué hacía allí, cómo iba a hacer las cosas, por qué llegué a manta, etc. Fue durísimo porque la jefa que tenía me ponía tareas tan injustas que en un momento tuve que defender mis derechos. La señora ya abusaba, en un momento me entregó su ropa y la de su familia para que la lavara.

En 2013 me trasladaron al Centro Quirúrgico, la cosa cambió. Definitivamente fue otro trato, la licenciada me encargaba cosas más importantes, me encargaba que el quirófano esté listo a las 7 de la mañana, tener los charoles de primero auxilios listos, chequear que todo esté completo, ese tipo de cosas. Cambiaron mucho las cosas y si te puedo decir que pude estar en los dos lados: en el que tenía el poder de ordenar y en el que no. Y lo mismo pasó en el emprendimiento, estuve en un momento en el que no era nada y de pronto pasé a ser reconocida por alguien.

¿Alguna vez te imaginaste el potencial que tenían las recetes de tu abuela y de tu madre? 

Sí, eso sí. Mucho antes de pensar que yo podría tener esto, mi abuela estaba viva todavía, yo tenía la idea de envasar el aliño que ella hacía. Todos los domingos, en mi casa, se hacía en el horno de leña el refrito para toda la semana y no se dañaba. Se lo dejaba en un comal de barro en la cocina y de ahí se cogía para toda la semana. Entonces mucho antes de PicandoAndo yo ya tenía la idea de envasar ese aliño, cuando se lo pregunté a mi mamá se rehusó totalmente. Dejé que pase el tiempo y ya en el 2013 volví a mencionárselo y la respuesta fue la misma, un contundente no.

Entré a trabajar al hospital y ya tenía un rubro fijo así que la idea quedó un poco en el olvido. 

Me volví a quedar sin empleo en el 2015, en ese momento no me acordé del aliño, lo que hice fue regalar cajitas de ají de mostaza en la escuela de mis niños para que les tomen los exámenes, no tenía un obsequio que darles a estas personas en Navidad y ya les debía como 3 meses de pensión y no tenía con que pagarles. Era un obsequio casero. 

Me di cuenta que me gustó hacer el ají, así que en enero le informé a mi mamá que lo iba a vender.

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¿Puedes contarnos un poco sobre los inicios de PicandoAndo?

Mi mamá me regaló $23, esa misma tarde con mis hijos pensamos en un nombre para venderlo bonito y con etiqueta, eso sí, desde un principio se me ocurrió venderlo con una etiqueta. Ese momento me descargué una aplicación en la tablet, hice un arte, lo imprimí en papel  bond y lo pegué con una cola blanca en unos frascos reciclados que teníamos aquí. Mi hijo fue el que dijo: «Mami, pongámosle PicandoAndo». En realidad me dio dos nombres, el otro no lo recuerdo, pero PicandoAndo fue el ganador.

Lorena Castillo y PicandoAndo: una historia de amor portovejense

Hace ya casi 3 años, Ecuador sufrió un acontecimiento que marcó a la población de todo el país y especialmente de la gente de Portoviejo.

¿Qué pasó con tu emprendimiento después del terremoto del 16 de abril? 

Dos semanas después del terremoto yo ya planeaba volver a ponerme a hacer el ají porque estaba loca por recibir otra fuente de ingresos. En Portoviejo, después del terremoto, se creó un slogan para representar la ayuda inmediata de las personas, su valentía y su fuerza.

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Entonces seguí vendiendo y un mes después llega la invitación a la rueda de negocios en Ciudad Alfaro. Cuando me estaba yendo mi madre estaba preparando el almuerzo así que le pedí que me pusiera un poco de aliño para llevármelo. Me lo llevé a la rueda de negocios sin etiqueta, sin nada, pero fue ahí que las personas de Supermaxi me vieron, probaron el producto y me dijeron que tenía mucho potencial. Una de las personas de Supermaxi me preguntó por el nombre del aliño, como no tenía uno, le conté que mi ají se llamaba PicandoAndo, me dijo que el nombre sonaba más a marca. Eso me quedó retumbando en la cabeza.

Seguí con los trámites y cuando el aliño tenía ya alisto su código de barras aún no tenía un nombre, las palabras que había escuchado hace algunos días me regresaron a la mente y fue cuando decidí utilizar PicandoAndo como una marca. Así lo empecé a vender.

Para ti, ¿cuál crees que fue el punto de giro más importante para que tu negocio empiece a crecer?

Haber ido a la primera rueda de negocios que realizó la Cámara de Comercio, no porque haya tenido una gran estructura o miles de asistentes, en realidad eran unos cuantos empresarios que habían venido de Guayaquil para evaluar proyectos y ayudarlos a crecer después del terremoto. Yo en ese momento ya había realizado pruebas y sabía que si era apetecible mi ají, por eso me animé a ir a la rueda de negocios.

Este evento era muy distinto a cualquier otro. Había una mesa de plástico y la gente llegaba y ponía ahí sus productos y en otra mesa estaban todos los empresarios que habían venido. Nosotros teníamos que pararnos uno por uno, presentarnos y presentar el producto que llevábamos.

A mí me tocó casi al último, me paré frente a ellos y les dije: «Mi nombre es Lorena Castillo y yo preparo ají.» Todos me regresaron a ver extrañados. Les mostré a los empresarios el ají, les conté cómo lo hacía y al abrirlo y ver las cebollitas, enseguida me preguntaron si podían probarlo. Obviamente les dije que sí y lo probaron con unos chifles de otro señor que había asistido.

Picando Ando: ¿Cómo fue su primera venta? 

El sabor les impresionó, y la idea también; ahí se da el primer pedido. No fue Supermaxi, ni Mi Comisariato, ni Tía, eran empresarios que habían decidido aportar a la parte económica de Manabí a través de la compra a emprendedores. Cuando me giraron el primer cheque me enteré que los empresarios pertenecían al grupo EKOS, quizás para el resto de personas que había asistido el nombre no era familiar pero para mí sí. Yo trabajé 8 años en un periódico, trabajaba en relaciones comerciales y manejaba ese tipo de temas.

En ese momento me contacté con Andrés Viteri, el comprador del primer pedido de ají, y al preguntarle si realizaría otro pedido, me aseguró que el primero había sido todo un éxito. El siguiente pedido fue de 200 frascos y el siguiente de 300. Desde ese momento, entre los meses de mayo y diciembre del 2016, cada 15 días, PicandoAndo le proveía de ají al grupo EKOS. Andrés, quien es un excelente mercadólogo, se dio cuenta del potencial de la marca y él fue quien me dijo que yo necesita una imagen, una etiqueta, etc. Muy amablemente Andrés me ofreció su ayuda, empezamos a trabajar y una de las primeras decisiones que tomamos, yo en su mayoría, fue utilizar los colores de Manabí para la etiqueta. En ese momento todavía se sentía el dolor por los acontecimiento de abril así que para mí era lo correcto homenajear a Manabí y a su gente de esta forma.

Un año después empezamos a desarrollar la etiqueta, le agregamos el gráfico del ají con el sombrerito, además empezamos también a desarrollar otros productos. En la casa de mi mamá, para Navidad, siempre se realiza un aliño especial. A los vecinos les encanta y constantemente le pedían a mi mamá que les dé la receta del aliño o que les de adobando sus pavos con el mismo. Mi mamá lo hacía, todas las Navidades, así que yo en octubre le sugerí que vendiéramos el aliño de ciruela, al principio no estuvo muy convencida de la idea pero terminó aceptando. Ella preparó el aliño de ciruela, 200 botellitas que me llevé a una feria. Las 200 botellas se terminaron ese mismo día.

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A Tía le encantó, decidieron incluirlo en su canasta navideña y me pidieron 22.000 unidades.

Faltaba aún algo de tiempo hasta diciembre así que empecé a tramitar todo lo del registro sanitario para poder enviar el aliño de ciruela a Tía, a quienes en ese momento ya estaba proveyendo.

En ese periodo ya empezamos también a sacar el refrito. Me di cuenta que a la semana el producto ya empezaba a deteriorase así que empecé a hacer pruebas para que mejore su durabilidad. Empecé a llenar las bolsas mientras el refrito seguía hirviendo y fue el remedio perfecto. No hubo necesidad de utilizar químicos y hasta ahora me llevo la maquina selladora al horno para poder empaquetar los aliños de PicandoAndo de la forma correcta.

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